Volver a casa

Miro el reflejo que se dibuja en el cristal de la ventana y veo cómo la lluvia y el frío convierten las calles en pasillos abandonados. A estas horas la vida da una tregua mínima a cada habitante de la ciudad. Mientras, el pasado ha visto una puerta entreabierta y ha decidido hacerme compañía esta noche. En su eco todavía puedo escuchar el sonido de cada ovación cerrada que te dediqué cuando te entregabas a nosotros. A nuestra historia.

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Fue tarde cuando nos dimos cuenta de que empezamos a escribirla demasiado pronto. Fueron seis años en los que pareció que septiembre no iba a llegar nunca. Nos vaciamos. Fuimos calor en febrero y libertad en cada rincón en el que nos refugiábamos. Estábamos en el ojo de un huracán que arrasaba con todo lo que encontraba a su paso. Nos creímos dueños de la situación. Pero el destino quiso que, de la noche a la mañana, nos viésemos sacudidos por la vorágine de su egoísmo.

Todo fue fugaz. Ambos sabíamos que iba a ser duro acostumbrar a nuestros sentimientos a una distancia de más de dos mil trescientos kilómetros. Aceptamos el reto y juramos vernos a menudo. Pero el calendario no entiende de promesas y nuestros encuentros se limitaron a intuirnos a través de una pantalla durante dos días a la semana. Nos quemamos en la impotencia de no poder hacer nada por volver al anhelo de algo que hicimos perfecto. Pero yo necesitaba el trabajo y tú no podías dejar escapar aquella oportunidad.

Por ello, y por nosotros, quedamos en tener la despedida que merecíamos. La vida está formada por todos esos instantes que quedan grabados a fuego en nuestra retina. El olor a tostadas mezclado con lágrimas de aquella mañana en Edimburgo es uno de ellos. Quisimos escribir juntos las últimas líneas de un final inesperado. No vimos el abismo de una carretera que creímos eterna. Caímos, y decidimos hacerlo juntos.

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Rearmé el valor que me quedaba y enfilé el inicio de una nueva partida lejos de una ciudad que me ahogaba. Cada baldosa por la que pisaba nos recordaba. No podía obligar a mi corazón a batallar en una guerra ya perdida. Dejé Madrid atrás y el camino me llevó a la costa vasca. Vi en Portugalete el lugar perfecto para encontrar mi redención. No me costó mucho hacerme con un trabajo como recepcionista. Pedí el turno de noche, hecho que se convirtió en un gran aliciente para mi rápida contratación.

Empecé a escribir y a juntar las piezas del puzle que se había formado en mi mente. Fue así como supe que algún día dejarás de ser Candela para convertirte en la protagonista de la historia que nos vimos obligados a concluir.

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El aviso del microondas me advierte de que mi taza de chocolate ya está lista. Dejo el cuaderno abierto mientras Bon Iver suena por el altavoz repitiendo su frase una y otra vez; I toured a light so many foreign roads.

Cuando vuelvo a mi puesto, veo la silueta de una persona apoyada sobre el mostrador de recepción. Juraría que nuestras reservas de hoy ya están cubiertas.

- Buenas noches. ¿Puedo ayudarle en algo?
- Sí. Creo que sí - me dice la desconocida mientras se gira para mirarme por primera vez.

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De repente ha vuelto el vértigo. No recordaba el efecto que ejercen sus pupilas en mi paz interior. Siento que el incendio se va a desatar de un momento a otro. La nieve no ha sido suficiente como para acabar con las cenizas de algo que lo fue todo.

Allí está ella. De pie. Con su dulzura de siempre y esa sonrisa en la que caben todas las letras del mundo.

- ¿Desde cuándo eres tan tímido? - Dice mientras se acerca al lugar en el que el tiempo se ha detenido para mí.
- ¿Qué... haces aquí? - El nudo que se ha formado en mi garganta me impide hablar.
- Creo que eres tú quien debería responder a esa pregunta. ¿Por qué has hecho esto? - Sus ojos señalan la silla vacía en la que estaba sentado hace cinco minutos.
- ¿El qué? - Soy consciente de que mi respuesta no tiene sentido, pero necesito ganar tiempo.  
- ¿Cómo que el qué? ¡Esto! - abre sus brazos intentando abarcar la estancia.
- Por necesidad. Cada paso era un ataque a la armadura de papel con la que me protegí. Tenía que irme lejos y empezar de cero o aquello iba a acabar conmigo - noto cómo un mar de sensaciones se asoma a mis ojos.
- Pero, ¿dejar todo atrás? Conseguiste todo lo que querías. Sé todo lo que luchaste para llegar al punto en el que estabas. ¡La editorial era tu sueño desde que nos conocimos!
- ¿De qué me sirvió? ¿Iba a ser feliz así? Todo dejó de tener sentido cuando te fuiste. La rutina se me clavó mientras las horas volaban ante mi indiferencia. Aquí he vuelto a hacerme dueño de mi camino. Escribiendo soy capaz de curar y cicatrizar la herida que nos dejamos. Pero ha dado la casualidad de que has vuelto a aparecer justo en el momento en el que el gris empezaba a desvanecerse - bajo la cabeza porque soy incapaz de aguantar el peso de su mirada.
- Espera, espera. ¿Crees que si estoy aquí es porque hemos coincidido? No, Juan. Volví hace dos meses a Madrid. Fui a buscarte y tu padre me dijo que lo habías dejado todo y te habías marchado. ¿Querías olvidarme? ¿Querías olvidar todo lo que hicimos? - Ahora es ella quien habla con la voz quebrada. - ¿De verdad hubieses sido capaz de ello? No puedo creer que quieras esto para el resto de tu vida. No quiero pensar que hayas dejado de vivir para sobrevivir y conformarte con lo que tienes. El azar no existe. Hay gente con suerte, pero si no te mueves por lo que te inquieta, verás pasar tus días como un espectador más sin darte la oportunidad de hacer de ellos algo único. Lo primero que hice en cuanto aterricé fue ir a tu puerta. Quería saber qué había sido de ti durante los tres años que estuvimos sin vernos. Tenía miedo de verte feliz y con otra compañía en tu viaje, pero necesitaba volver a sentirte cerca.
- Supongo que me olvidé de ser valiente. Me puse una venda alrededor de los ojos que me impidió afrontar la realidad. Pero tampoco pude hacer otra cosa. Intenté luchar contra el pasado, pero siempre acababa ganándome. Tenía miedo de verte mientras dormía y de despertar al lado de la soledad. Nunca he querido olvidarte. No me lo perdonaría. Necesitaba aire y alejarme de esa toxicidad.
- ¿Y bien? ¿Lo conseguiste?

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A veces es necesario asimilar que no has sabido ver la curva y prepararte para el impacto. A veces solo basta con abrir los ojos y mirar a través de la venda que tú mismo te has colocado.


Mientras Candela descansa en mi habitación, soy consciente de que hoy hemos comprendido que lo que entendimos como un punto y final no era más que la parte previa a un epílogo que ahora está en nuestras manos. 







Lo que hay que tener (Elegidos para la gloria)

¡Hola, nómadas! Tras unos días de desconexión, retomo la actividad en el blog.

Antes de hablaros del libro que os traigo hoy, me gustaría darle las gracias a la editorial Anagrama por aceptar mi colaboración y a su departamento de prensa por mandarme el ejemplar del título que hace posible esta reseña; Lo que hay que tener (elegidos para la gloria), de Tom Wolfe



Cubierta Lo que hay que tener

Editorial: ANAGRAMA
Páginas: 360
Edición: 2010
Género: Periodismo
Autor: Tom Wolfe

Sinopsis

Tom Wolfe nos trae un libro en el que nos expone, de manera directa, la historia más humana que hay detrás de la carrera espacial. El periodista nos acerca de primera mano todo lo vivido por los primeros astronautas. Sus miedos, sus anhelos, su deseo y su condición de ser humanos se anteponen al sistema burócrata del Programa Mercury. Wolfe nos abre los ojos sobre la verdadera historia de los primeros hombres que traspasaron los límites de la atmósfera terrestre. 

Reseña - Lo que hay que tener

Cuando solicité esta obra a la editorial no sabía muy bien a qué me iba a enfrentar a lo largo de sus 360 páginas. Si bien es cierto que la temática captó mi atención desde el primer momento, el género no es, ni mucho menos, lo que acostumbro a leer. No obstante, decidido a expandir mi mundo como lector, acepté el reto y me lancé de cabeza a descubrir una de las lecturas que, desde hoy, aspiran a ser de las más sorprendentes de 2017. 

El primer aspecto que destaco es la carga literaria que hay presente a lo largo de todos sus episodios. La poesía reinante en cada metáfora, en cada diálogo y en cada acción hace que disfrutemos como si estuviésemos ante una novela más. 

En cuanto a la estructura, he encontrado capítulos largos, ya que ninguno tiene menos de veinte páginas por lo general. Sin embargo, es justo decir que la gran cantidad de información (útil) y el aspecto literario que le profiere Wolfe hacen difícil encontrar una menor extensión en la trama. Por otra parte, algunas frases se hacen largas, por lo que es más fácil perder el hilo de los acontecimientos a causa de su prolongación. 

Sobre mi valoración general, temáticas como el compañerismo, la rivalidad, la lucha, el patriotismo, la hipocresía y la crítica social forman la punta de lanza de este libro. 

Lo que más me ha cautivado es cómo Wolfe ha sido capaz de jugar con el carácter psicológico y exponer ante nosotros figuras históricas a las que ha convertido en nuestros compañeros. Sin dejar atrás el género periodístico, el escritor norteamericano ha conseguido dotar de lírica a sus frases y hacer de un reportaje una historia trepidante. 

Profundizando ahora en los temas más característicos del título, me gustaría hacer hincapié en los puntos que han provocado en mí una sensación de gratitud al leer palabra tras palabra. 

El primero de ellos es la hipocresía y el cinismo de todos y cada uno de los ciudadanos estadounidenses que celebraron la hazaña de mandar a sus hombres al espacio. Situándonos en el contexto socio-político de la trama (finales de los años cincuenta y principios de los sesenta), entendemos que la carrera espacial fue un juego absurdo de banderas por hacerse con el control del territorio que hay más allá de la Tierra entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Por ello, en el momento en el que los protagonistas regresan a la superficie, todos los vítores, los desfiles y los homenajes recibidos no celebraban el éxito de los astronautas, sino la gloria por haber llevado la bandera de la nación norteamericana fuera de la órbita terrestre. Así, en el momento en el que se declaró el final de la Guerra Fría, todas aquellas personas que disfrutaron de la eternidad cayeron en el más doloroso de los olvidos; nadie recordaba quiénes habían sido y lo que habían logrado poniendo en riesgo sus vidas. 

Este componente nos lleva al segundo aspecto que quiero subrayar. La crítica social hacia los gobernantes y la prensa carroñera es elegante y certera a partes iguales. Los mandatarios no veían la condición de ser humano que escondía cada uno de los pilotos. Para ellos eran meros instrumentos con los que obtener su más preciado tesoro; ser los primeros en llegar al espacio. A su vez, la prensa amarilla formaba parte del mismo sistema alimentándolo mientras asediaba y acorralaba a las familias de los protagonistas. Eran capaces de acampar en los jardines de sus hogares con el fin de tener el titular que buscaban sin cesar durante día y noche.

Por lo cual, antes de despedirme es mi deber recomendar la lectura de esta obra por tres aspectos fundamentales. 

El primero de ellos es todo ese componente social y crítico que hay tras las palabras de Wolfe. Un libro que te remueve y te hace plantearte desde otra perspectiva hechos que han sucedido merece un hueco en cada estantería. 

Si a ello le sumas el planteamiento literario que le ha añadido el autor y el gran ejercicio de profesionalidad llevado a cabo a través de una documentación exquisita, el resultado es una lectura más que interesante con la que aprender, disfrutar y reflexionar sobre uno de los episodios más recientes de la historia de la Humanidad. 

Espero que os haya gustado la reseña, que la disfrutéis y que comentéis y os animéis con la lectura. 

¡Nos vemos pronto! 

Tierra de los hombres

¡Hola! Hoy os traigo la reseña de mi tercera lectura del año; Tierra de los hombres, de Antoine de Saint-Exupéry. 

Pero, antes de pasar a hablaros del libro, me gustaría darles las gracias a Chica Sombra por darme la oportunidad de escribir esta reseña que podéis ver en su blog desde hace unos días (al que recomiendo que sigáis desde ya) y a la editorial Berenice por facilitarnos un ejemplar de la obra. 


Cubierta Tierra de los hombres


Editorial: BERENICE
Páginas: 159
Edición: 2016
Género: Narrativa Francesa
Autor: Antoine de Saint-Exupéry

Sinopsis

En diciembre de 1935, Antoine de Saint-Exupéry sufrió un accidente aéreo en el Sáhara junto a su amigo André Prévot mientras volaban desde Nueva York hacia Tierra de Fuego. Tras varios días en coma, el piloto francés escribió Tierra de los hombres desde el punto de vista de aquel que observa el mundo desde la cabina de su avión. 

En su novela, Saint-Exupéry escribe sobre temas que evocan a la vida, al duro aprendizaje del oficio de aviador, homenajea a sus compañeros Mermoz y Guillaumet y rememora su dura experiencia en el Sáhara junto a su amigo Prévot. 

Reseña - Tierra de los hombres

He de reconocer que este libro me llamó la atención por su sinopsis y por el diseño de su cubierta. Cuando Tamara me dio la oportunidad de reseñarlo, no lo dudé un instante y me lancé a conocer más sobre la vida y obra del autor de El Principito

En Tierra de los hombres he disfrutado de tres partes diferenciadas en la misma novela. Pero, antes de analizar y hablaros sobre lo que me ha parecido cada una de ellas, me gustaría profundizar en los aspectos generales del libro. 

A simple vista, el vocabulario parece sencillo. Pero, para saber disfrutar de la lectura, el lector debe interpretar bien los dobles significados y las metáforas que plantea el autor francés. Las oraciones y las construcciones son más largas de lo habitual. Por ello, es necesario leer con calma para entender así lo que nos quiere decir Saint-Exupéry con cada palabra. 

Cabe destacar que, al ser una obra autobiográfica, cada acción y cada diálogo tienen una mayor carga de veracidad que nos ayuda a introducirnos de lleno en la trama y en las experiencias descritas por el piloto a lo largo de cada capítulo. 

Pese a su breve extensión, se diferencian claramente tres partes distintas en la novela. La primera de ellas se centra en las vivencias que, como piloto, ha sufrido en diversas partes del mundo. Antoine nos invita a viajar desde Argentina hasta Túnez mientras nos habla de todo lo que ha vivido y disfrutado desde su cabina. El aspecto que más me ha gustado es que, al final de cada capítulo, utiliza una metáfora y nos habla de hechos simples de una manera poética y sin adornos innecesarios. Saber disfrutar de la soledad y del amor, la felicidad de los pequeños gestos, la camaradería, el compañerismo y la memoria se tornan fundamentales en la plenitud del ser humano. Así, con una lección de humildad, el francés nos deslumbra con su tesis sobre un apartado de la dignidad del hombre desconocido por mí hasta ahora. 

En la segunda parte nos expone su experiencia con Prévot en el Sáhara tras su accidente. Aquí es donde podemos identificar una estructura en la que predominan la acción y la tensión. Con sus palabras, Saint-Exupéry es capaz de hacernos sentir la angustia del que se siente abandonado a su suerte en un océano de arena y soledad. Además, y salvando las distancias, este fragmento me recuerda a lo vivido por Mark Watney en El Marciano de Andy Weir. 

Pero si hay una parte que destaca en el libro, para mí es sin duda lo acontecido en las últimas páginas. Hasta ese punto he encontrado una lectura interesante y reflexiva, pero llegado aquí, el escritor ha sabido cómo conquistar mis sentimientos despertando en mí una sensación de necesidad imperiosa por compartir sus palabras con vosotros. Es impresionante la reflexión final que hace sobre lo absurdo de la mayoría de las acciones del hombre. Centrándose en el compañerismo, nos habla de la impotencia de ver cómo se producen guerras, disputas y confrontaciones entre sociedades, hermanos y vecinos para que, al final, todos salgan derrotados y pierdan la esencia de ser humanos. 

Para ilustraros mejor sobre esto, me gustaría compartir dos fragmentos pertenecientes a la parte final del libro. El primero de ellos no necesita introducción alguna. Es claro, sincero y directo. 

¿Para qué discutir de ideologías? Si bien todas pueden ser demostradas, también todas se oponen entre sí, y son este tipo de discusiones las que hacen desesperar de la salvación del hombre, cuando el hombre, a nuestro alrededor, en todas partes, presenta las mismas necesidades. 

Por su parte, el segundo ejemplo es más delicado. En un viaje de tren, el propio Saint-Exupéry visitó un vagón en el que se amontonaban ciudadanos polacos a los que habían repatriado desde Francia a su país natal. Después de una breve reflexión sobre lo que podía haber sido la vida de aquellos hombres y mujeres hasta ese punto, el piloto se fija en un niño pequeño al que decide llamar Mozart y al que hace protagonista de las siguientes palabras. 

Y regresé a mi vagón. Me dije: esa gente apenas sufre por su suerte. No es la caridad lo que me inquieta. No se trata de enternecerse frente a una herida que siempre vuelve a abrirse. Quienes la sufren no la sienten. Es más bien a la especie humana y no al individuo a quien se hiere aquí, a quien se perjudica. Apenas creo en la piedad. Lo que me angustia es el punto de vista del jardinero. Lo que me atormenta no es esta miseria en la que, después de todo, uno se instala tan bien como en la pereza. Generaciones de orientales viven en la mugre y se complacen en ella. Lo que me angustia no lo curan los comedores de beneficencia. Lo que me atormenta no son estos huecos, ni estas jorobas, ni esta fealdad. Es Mozart, un poco asesinado en cada uno de estos hombres. Solo el espíritu, si sopla sobre la arcilla, puede crear al Hombre.

Para despedirme, me gustaría señalar que esta breve reflexión me recuerda a una que ya compartí con vosotros y que da comienzo a Por quién doblan las campanas, de Hemingway.

Espero que os haya gustado la reseña y que os animéis a comentar y a disfrutar de esta lectura. 

¡Un abrazo! ¡Hasta pronto! 

Un ángulo me basta


¡Hola, nómadas!

Hoy os traigo la reseña de un libro muy especial. Fue uno de los regalos que recibí esta Navidad y me gustaría compartir con vosotros lo que me ha parecido esta obra; Un ángulo me basta, de Juan Antonio González Iglesias


Cubierta Un ángulo me basta

Editorial: Colección Visor de Poesía
Páginas: 72
Edición: 2002
Género: Poesía Contemporánea 
Autor: Juan Antonio González Iglesias


Sinopsis 


Este poemario enigmático indica el disentimiento de las vanidades del mundo y la protección frente a sus amenazas. Con el amor como uno de los temas principales, Un ángulo me basta le sirvió al poeta Juan Antonio González Iglesias para hacerse con el IV Premio Internacional de Poesía Generación del 27.

Reseña - Un ángulo me basta

Con estas palabras afronto la reseña de uno de los libros que más sentimientos y sensaciones ha causado en mí. No solo por lo que esconde su cubierta, sino porque lo recibí de manos de una de las personas más importantes de las que tengo el placer de rodearme en mi día a día.

En Un ángulo me basta, Juan Antonio nos expone parte de su mundo interno. Cada verso es una galaxia que contemplar en la que perderse para disfrutar del viaje. La métrica de sus palabras, la musicalidad y el ambiente que crea en sus estrofas hacen de él un poeta singular.

La mayoría de los poemas giran alrededor del amor. El sentimiento que denota cada palabra nos introduce de lleno en el texto y hace que tengamos la impresión de estar ante un espejo contemplando el reflejo de nuestras emociones. No cabe duda que es un estilo de poesía diferente. En esta obra leerás, tendrás la necesidad de volver a leer y asimilarás la oleada de sensaciones que, sin saber muy bien cómo, te encontrarás de golpe al terminar cada punto y final.

Uno de los aspectos que más me ha atraído es la constante alusión a la filosofía y a los mundos latino y griego. Haremos un recorrido por la mitología grecolatina y por diversas corrientes filosóficas en las que se ha ido formando el ser humano para formarse y ser lo que somos en el día de hoy.

Si queréis una lectura diferente que os ayude a desconectar pero que a la vez os haga revolver vuestras mentes, os recomiendo que no tardéis en haceros con un ejemplar de este libro y disfrutar de su lectura en vuestra intimidad.

Antes de irme, me gustaría compartir con vosotros los que son mis poemas favoritos.

Espero que os haya gustado la reseña, que disfrutéis y que os animéis a comentar y a leer a Juan Antonio.

¡Nos vemos pronto!


MISÁNTROPO, MA NON TROPPO 

Que no te pase a ti con los misántropos
lo mismo que a los hombres con los hombres"
(Meditaciones, 7, Marco Aurelio)

Durante veinte años he tratado
con muy pocas personas. Desatento
a todo lo que no fuera solsticio
o equinoccio,
en la soberanía del invierno
y el verano
celebraba mis fiestas
esperándote.
Adonde me invitaban no acudí.
¿El motivo? Uno solo:
me concentro mejor en un ciprés
que en las conversaciones.
Así he concluido
que cada árbol es un incontable
como el agua.
Así son cada vez más las personas
a las que quiero mucho y veo poco.
Un ángulo me basta,
un libro y un amigo, un sueño breve.
Tiempo para el amor es lo que pido.
En los actos sociales pienso en ti.
Casi siempre
entre el ruido de copas, de palabras,
llega cierto momento en el que pienso:
Necesito urgentemente ver a un limpio de corazón.
Hablar con él. Guardarme entre sus brazos.
Descansar mi cabeza
encima de la roja frecuencia de su vida.
Únicamente esto.
que en los actos sociales pienso en ti.


EL POEMA DE AMOR DEBE TENER PREVISTO 

El poema de amor debe tener previsto
el transcurso futuro de los astros
pero también
el vocabulario de la derrota 
y la gloria muy simple del minuto. 
Debe tener prevista la palabra Albertur
solo porque está escrita en el costado
del autobús nocturno que te devuelve a casa.
Debe decir la periferia urbana, 
aceptar lo que ve por donde va,
y desde nuestros labios convertirse
en oda a las ciudades encendidas.
Debe tener previstos los fracasos,
toda nuestra pobreza, 
el miedo a que se quiebre nuestro amor extramuros. 
El poema de amor debe saber que somos 
iguales, y  por tanto debe incluir tu nombre y mi nombre, 
de la misma manera que mi nombre incluye el tuyo. Así
no diré que Petrarca no nos sirve. 
Diré que no nos basta. Nuestro fuego sucede
más acá de los límites del mundo 

Si el ciprés y la lluvia tienen la misma forma, 
no quiero ser oscuro, ni pobre de aventura. 


EL VULGO ES ENEMIGO DE LA MONOCROMÍA

El vulgo es enemigo de la monocromía. 
Pero el artista tiene una única arteria
que se pierde en su cuerpo.
Ha pintado de azul ultramarino 
la Victoria monócroma de Samotracia.
El poeta impaciente
está contra la línea y el dibujo
quiere solo color. 
Es judoka. Y al cosmos 
como un enamorado, lo rodea
con un abrazo abstracto. 

Trompetas en Dublín

Los copos de nieve me sorprenden mientras enfilo el final de una calle que se ilumina con las que serán las últimas luces antes de mañana. Me gusta pasear de noche. El mejor momento de mis días se produce cuando los demás se preparan para afrontar su rutina entre anhelos insaciables. Acaricio las aceras y me deslizo hasta llegar al único sitio en el que puedo desatar mi inspiración y dejarla volar libre.

Abro la puerta del pub y veo un cartel que me presenta con un texto: Esta noche, a partir de las 23:30, Kid Eloy en directo.

- Ya está aquí la estrella del momento. – Julia me da la bienvenida mientras carga con una ensalada para el viejo Joaquín.
- Sí. Pero creo que después de mi actuación viene tu monólogo, ¿no? – le respondo mientras levanto las cejas y miro hacia el anuncio de la entrada.

Cada anochecer toco la trompeta en el irlandés del barrio. Compagino mis estudios de diseño gráfico con el (escaso) dinero que recaudo en cada actuación. Todavía hoy me cuesta diferenciar qué vino antes, si mi pasión por el Jazz o mi primera palabra. En este hogar he conocido a gente de todo tipo. Pero, sin ninguna duda, Julia es mi debilidad. Personas como ella y Joaquín, el librero que me ha descubierto la fragilidad y la belleza del ser humano en cada lectura, hacen de mi vocación un lujo.

Los dos llegamos a la vez hace un par de años. Empecé a actuar cuando Joaquín descubrió que mi pasión se debatía entre las ensoñaciones de Miles Davis y los delirios pasionales de John Coltrane. Recuerdo que la primera vez que me subí a este escenario, por llamarlo de algún modo, Julia se estrenaba como camarera. Necesitaba el dinero para pagar el alquiler de su habitación. Un sueldo más que decente y los cinco minutos de distancia que había a su casa hicieron que no lo dudase a la hora de aceptar el puesto.

Desde el primer momento fuimos conscientes de la complicidad que había entre nosotros. Su aire de pequeña revolucionaria me cautivó. En ella no hay palabras vacías. Después de cada concierto cierra el bar solo para los dos. Entre pintas y patatas fritas solemos desnudar nuestras mentes hasta que por los altavoces suena Sleep on the floor. Lo hacemos así desde el día en el que me dijo que terminó la relación que tenía con su antigua pareja. Le pregunté el porqué justo en el momento en el que Wesley Schultz entonaba su primera estrofa. Sus lágrimas llenaron de eternidad los tres minutos y medio que dura la canción. Desde entonces, nos prometimos que, cuando llegase esta melodía, sabríamos que había llegado el instante de despedirnos hasta la noche siguiente.

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El motivo de que mañana sea festivo ha animado a varios grupos de amigos a quedarse para verme tocar. Tras hora y media a solas con mi trompeta, he vuelto al calor de la realidad rodeado de aplausos que oscilaban entre la sinceridad más absoluta y la ingente cantidad de alcohol ingerida por mi público de hoy.

- Parece que les has caído bien – dice Joaquín mientras sigue con la vista a las mesas ocupadas.

Creo que, de todas las personas que hay en el mundo, él sería la única incapaz de criticar mis actuaciones.

- Las tres rondas que lleva cada uno encima también les han caído bien. – Cómo no, Julia aprovecha para hacer gala de su humor.
- ¿Otra vez volvéis a la carga?

Antes de que ninguno pueda responder, ella da media vuelta con una sonrisa dibujada en la cara mientras lleva otra bandeja repleta de jarras rebosantes.

- Hijo, en todos los ojos que he visto a lo largo de mi vida, pocas veces he encontrado miradas como la tuya. ¿Cuándo se lo piensas decir? – Si hay algo de lo que he aprendido, es que no puedes negarle el amor a un hombre que ha compartido viaje con la misma compañera hasta que el tiempo decidió interponerse entre los dos.
- No lo sé. No es tan fácil. Hace poco que ha salido de una relación en la que lo ha pasado mal. Todavía no quiere hablar de ello.
- Eloy, ha pasado casi un año. Tú no eres una venda que cubra su cicatriz. Tú eres la huella que la sustituye. La magia que hay entre vosotros es evidente. Si Julia está dolida no es porque haya sufrido en una relación insípida. No hay dolor más grande que ver pasar el tiempo mientras asimilas la cobardía de tus decisiones por puro conformismo. Sé valiente y salta. Pero no confíes en que ella esté abajo esperándote. Si lo haces, ella va a saltar contigo. Si caéis, vais a caer los dos. Pero te aseguro que no hay nada mejor como lanzarse al vacío y no sentir el suelo. Déjate llevar por sus pasos igual que ella lo hará con los tuyos. No hay nada tan gratificante como no preguntar por el final y disfrutar del camino improvisando.

Sus palabras son como olas que golpean mi inseguridad hasta arrastrarla y ahogarla en la inmensidad del océano. Miro el reloj y un ejército de sensaciones luchan en mi interior al ver que se acerca la hora del cierre.

Con las luces ya encendidas y los clientes más rezagados apurando sus consumiciones, Joaquín recoge su chaqueta. Tras despedirse hasta mañana, me dedica un intento de guiño mal disimulado.  Cuando veo su silueta desaparecer por la puerta siento cómo se abre otra; la de todas esas inquietudes que permanecían agazapadas para abalanzarse sobre mí a la vez.

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No me ha costado despojarme de esa emoción nerviosa. Nunca he conocido a nadie como Julia. Su espíritu de mujer poesía, romántica y rebelde a partes iguales, ilumina caminos que creí reinados por quimeras y utopías.  

Es inquietante ver (y sentir) cómo sus ojos hacen que me olvide de todo lo que gira a nuestro alrededor. Su voz baña mi paz interior y las horas son meras espectadoras del mundo paralelo que creamos cuando estamos a solas.

Pack yourself a toothbrush dear,
pack yourself a favorite blouse.
Take a withdrawal slip
Take all of your savings out
'Cause if we don't leave this town
We might never make it out
I was not born to drown
Baby come on.

- ¿Ya? – No pienso en mis palabras antes de lanzar al aire una pregunta cuya respuesta es evidente.
- Eloy, son las cuatro de la mañana. ¿Eres consciente de que llevamos hablando más de dos horas?
- Sí. Solo que… No sé. Sigo teniendo sed y podríamos aprovechar que mañana no tenemos que madrugar – Me sorprende lo rápido que he actuado. – Si quieres, puedo cambiar de canción.
- No. Déjala. Pero que sepas que eres la persona que más cara le echa a beber gratis. – Suelto una carcajada mientras ella se levanta para llenar nuestros vasos vacíos.
- Bueno. Y dime, ¿de qué has hablado antes con Joaquín? – Otra vez ese ejército de sensaciones trepando por mi alma.
- Antes, ¿cuándo? – Intento evitar lo inevitable. 
- Después de tu actuación. – Esta no la evito. 
- Oh, ya. De nada. Me recomendaba un libro que tengo que leer. – No me lo creo ni yo.
- ¿En serio? Pues me he fijado en tu cara y he visto infiernos mucho menos rojos. ¿Cómo se llamaba? – Va sin frenos contra mí.
- Esto, hmm…
- Eloy… - Me interrumpe mientras aproxima su silla - ¿Hasta cuándo vamos a seguir así? 

A veces hay silencios que lo dicen todo. A veces la evidencia de las cosas es suficiente para invocar al destino.

Aguanto su mirada mientras una sonrisa nerviosa hace que me muerda el labio. Nunca nos he visto tan libres. Nos acercamos y, de repente, todo se torna calor y color.

v   


No sé dónde dormiremos hoy. No sé si dormiremos siquiera. Hemos saltado. Y es alucinante hacerlo sin volver a sentir el peso del suelo bajo tus pies. 





Niebla

¡Hola, nómadas! Espero que estas Navidades hayan sido muy buenas para vosotros y que 2017 esté lleno de buenos deseos para todos.

Vosotros os habéis portado muy bien este año. Por eso, los Reyes Magos se han acordado de pasarse por La Casa del Nómada y os traen la primera reseña del año; Niebla, de Andreas Pflüger. 


Cubierta Niebla

Editorial: SUMA
Páginas: 520
Publicación: 2016
Género: Novela Negra
Autor: Andreas Pflüger

Sinopsis


Jenny Aaron era detective en un grupo especial de la policía alemana dentro de una unidad de élite. Pese a la dificultad para poder acceder al grupo, fueron ellos quienes decidieron contactar con ella para que entrase a formar parte de su equipo. Pero todo cambió para Jenny en Barcelona, donde, en una misión fallida, quedó ciega.

Hoy, cinco años después, Aaron recibe una llamada telefónica en la que sus compañeros berlineses afirman que la necesitan más que nunca. Reinhold Boenisch, asesino en serie a quien ella metió en la cárcel, ha acabado con la vida de la psicóloga del centro penitenciario. Jenny decide aceptar el caso y afrontar su pasado, sin saber que Boenisch es tan solo el principio.

Aaron tendrá por delante treinta y seis horas llenas de puro vértigo. Estará constantemente en el objetivo de sus enemigos. Si quiere sobrevivir, tendrá que luchar con todo su aliento.

Sinopsis - Niebla


Andreas Pflüger nos acerca a una historia llena de misterio, tensión, suspense y acción a partes iguales. No sé muy bien en qué momento empecé a leer la novela, pero cuando me quise dar cuenta ya había leído doscientas páginas.

Tenía este libro apuntado en mi lista de pendientes. Escuché y leí muy buenas críticas y se erigía como uno de los libros del año. Sin ninguna duda, creo todos acertaban. 

Como he dicho en la sinopsis, la trama se desarrolla a lo largo de dos días. En ellos, Jenny Aaron y el resto de protagonistas te robarán el corazón, el aliento y hasta el sueño. 

Cuando lees el epílogo, te das cuenta de que todas las horas de documentación, de información y de análisis por parte del autor alemán han merecido la pena. Su ambientación, la peculiar característica física de Aaron, las personalidades que nos encontramos y la evolución que sufren a lo largo de la trama y según se desarrollan los acontecimientos son espectaculares. 

Creo que no he leído una novela en la que los personajes hayan calado tanto en mí. Todos tienen un aspecto que hace que te atraigan en mayor o menor medida. Además, pese a que los tópicos de la novela negra no me cansan, cabe destacar que en esta historia no nos encontramos con el típico protagonista aparentemente frío y arisco que, al final, resulta tener sentimientos. Todos demuestran su humanidad. Todos tienen metas (incluso los que parecen no tenerlas) y todos y cada uno de ellos se mueven por algún motivo. Pflüger se introduce tanto en la mente de sus creaciones que he de confesar que el antagonista ha despertado en mí una sensación de admiración e intriga que no me he podido quitar hasta el final. Más arriba os hablaba de que los personajes son los que más me han calado. No miento. Pero sería justo profundizar en esta afirmación. Cuando he leído el último punto y he podido recobrar la respiración (porque si lo leéis ya os adelanto que estaréis en tensión hasta el final), de repente me he acordado de cada uno de los nombres que han llenado de vida la historia y me he sentido huérfano. También he de reconocer que esa sensación se ha aplacado un poco cuando, en los agradecimientos, el autor afirmaba que habrá más historias con los mismos protagonistas. 

En cuanto a la manera de escribir, la redacción es impecable. Se ve un gran trabajo de traducción detrás de cada capítulo (siempre es necesario reconocer la labor de todos los que nos hacen posible disfrutar de títulos así). La novela está construida mediante frases cortas, certeras y repletas de acción. No hay descripciones rocambolescas y en ningún momento se hace pesada su lectura. Al revés, tienes que levantar el pie del acelerador para no terminar el libro antes de tiempo y luego arrepentirte. 

Por último, la trama me parece muy original. Sin duda alguna la sinopsis es de las que, o bien te enganchan, o bien te distancian del libro. Por suerte, a mí me llamó la atención que la protagonista fuese ciega y, además, policía. Me gustaría añadir que pese a la acción incesante y el ritmo frenético, Niebla tiene puntos que invitan a la reflexión y que tienen un trasfondo que me han causado una sensación muy agradable. 

Por eso, antes de irme, y como sé que habéis sido muy buenos, os voy a regalar dos ejemplos de lo que digo. 

El primero de ellos es la historia de amistad que hay entre Jenny y Pavlik. A veces es necesario encontrarse con situaciones que, por mucho estrés o tensión que estés soportando, te ayuden a recapacitar y a pensar en por quién lo darías todo sin pararte a pensar antes de actuar (y hasta aquí puedo leer). 

El segundo ejemplo es una cita que, pese a que creo que no es del propio autor, me ha parecido increíble y quiero compartir con vosotros: 

No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar mis velas para llegar siempre a mi destino.

Creo que no es necesario que indague en el significado de esa frase, ya que, con tan poco, lo dice todo.

Espero que os haya gustado la primera reseña del año, que la leáis, disfrutéis y compartáis y que, sobre todo, LEÁIS ESTA PEDAZO DE NOVELA.

¡Muchas gracias!

Nos vemos pronto, nómadas. 

Sin testigos

Sentían el aliento del tiempo pegado a sus talones.

Eran dos fugitivos que perseguían parar la marcha impetuosa del reloj. Las semanas avanzaban mientras esperaban a que llegara aquel instante en el que se perdían para encontrarse el uno al otro bajo la mirada tenue de las farolas. Durante cada noche del fin de semana jugaban a ser los dueños de sus destinos y se camuflaban con el resto de habitantes de la ciudad.

No eran soldados pertenecientes a bandos contrarios, ni tampoco una versión contemporánea de Bonnie and Clyde. Su guerra era otra; escondían sus sentimientos para evitar el juicio de valor de una sociedad carente de ellos.

Todo empezó en el momento en el que descubrieron que el amor no entiende de fechas, de momentos justos, de apariencias ni de etiquetas, sino de libertad. Una coincidencia hizo que, tras años sin verse, se volvieran a encontrar. El intercambiador suburbano en el que se despidieron fue el detonante de todo. Una mirada fugaz despertó en él la inquietud del que se supo enamorado. Desde entonces, un numen acechaba a escondidas cada madrugada de insomnio para acabar llenando de vida hojas vacías.

Su mundo se fue transformando. Las paredes bajo las que se refugiaba se agrietaron ante la embestida de un sentimiento que resurgió de manera improvisada y que no paró hasta derribarlo todo.

Todo menos ella.

- ¿Qué estás pensando? – Su voz le sacó del torbellino en el que estaba sumida su mente.
- En ti. En nosotros. En que quién nos iba a decir que acabaríamos sintiéndonos así. – Él contesto con un nudo en la garganta.
- Así, ¿cómo?
- No sé. Cuando estamos juntos siento que todo sobra; el mundo, las dudas, el miedo. Contigo he aprendido lo que es temblar sin sentir el frío.

No les hacía falta decir nada más. Madrid era testigo de múltiples historias cada día, pero ambos sabían que no había ninguna como la suya. Sus silencios llenaban de complicidad el aire. Entre ellos no había barrera que no se pudiese saltar con una mirada.

- Creo que ha llegado el momento. – Esta vez fue ella la primera en hablar.
- ¿A qué te refieres?
- A que es hora de cambiar las normas del juego. No me apetece seguir ocultando lo que sentimos. Quiero romper nuestras corazas y dejarlas olvidadas en este sitio. – Con sus manos señalaba un agujero imaginario en el suelo.
- ¿Estás segura?
- ¡Claro! Me da igual todo lo que hayamos pasado. Me da igual lo que digan los demás y a quienes hayamos dejado en el camino. Soy feliz, y lo soy porque, mientras crezco a tu lado, soy yo misma la que se identifica con la sonrisa que se refleja en el espejo.

Otra vez silencio. Otra vez sus miradas desafiando al paso del tiempo. Otra vez sus labios luchando por destruir la barrera que les separa. Otra vez dos ejércitos de mariposas batallando por hacerse con el control de sus cuerpos. Otra vez la ilusión, la adrenalina, el cosquilleo, las caricias y las ganas.


Y, por primera vez, la osadía de dar un paso al frente en un mundo que siempre anda mirando hacia atrás.